domingo, 8 de febrero de 2015

Serra Negra

Esta noche recorrí de nuevo el camino de los sueños. 

Estoy sola. La senda, casi fantasma, emerge centímetro a centímetro ante mí, como si cada uno de mis pasos forzase su expulsión desde el mundo de la imaginación al de la realidad. Resplandece en la espesa oscura nada que me rodea: piedra negra contra arena blanca, piedra blanca contra arena negra. Su fulgor sobrenatural me guía en un mundo ciego, sin luna ni estrellas. El sonido de las olas que rompen con furia a mi derecha me ensordece; el viento con sabor a mar me azota la cara. Intuyo la pared que se alza a mi izquierda, camuflada de noche pura, porque la recuerdo de otra vida, de la que es real. Sé que se funde con el cielo más allá de donde mi vista alcanzaría, si pudiera ver: es el cortado de la sierra que da nombre a este mundo quimérico por el que me deslizo pasando inadvertida. 

Piedra negra contra arena blanca, piedra blanca contra arena negra. Refulgiendo en la oscuridad se deja ver el sendero que sólo existe en noches como ésta. Y mis pasos lo siguen.

Esta noche recorrí de nuevo el camino de los sueños. Porque si existe uno, es este.




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